Los ensayos
Los ensayos Debo añadir un ejemplo más notable para nuestra consideración que ninguno de los precedentes. El emperador Maximiliano, bisabuelo del actual rey Felipe, era un príncipe dotado de muchas grandes cualidades, y entre ellas de una singular belleza física.[23] Pero, entre sus inclinaciones, tenía una muy contraria a la de los príncipes, que, para despachar los asuntos más importantes, convierten su retrete en trono. Jamás tuvo ningún ayuda de cámara tan íntimo que le permitiese verlo en el excusado. Orinaba a escondidas, tan escrupuloso como una doncella en no descubrir ni a los médicos ni a nadie las partes que suelen mantenerse ocultas.[24] b | Yo, tan desvergonzado de lengua, estoy, sin embargo, aquejado por temperamento de este pudor. Si no es muy instigado por la necesidad o por el placer, casi nunca muestro a la vista de nadie los miembros y las acciones que nuestra costumbre ordena esconder. Me resulta todavía más penoso porque no lo considero conveniente en un hombre, y sobre todo en un hombre de mi profesión. a | Pero él llegó a tal extremo de superstición en esto que ordenó con palabras expresas de su testamento que, una vez muerto, le pusieran calzoncillos. Debería haber añadido en un codicilo que se los subieran con los ojos tapados. c | La orden que Ciro da a sus hijos, que ni ellos ni nadie vean ni toquen su cuerpo tras la separación del alma, la atribuyo a alguna devoción suya.[25] Tanto su historiador como él, entre sus grandes cualidades, han esparcido por todo el curso de su vida una singular atención y reverencia hacia la religión.