Los ensayos
Los ensayos b | Me disgustó el relato que me hizo un grande sobre uno de mis parientes, hombre bastante conocido en la paz y en la guerra. Cuando, muy viejo, estaba muriéndose en su palacio, atormentado por los dolores extremos del mal de piedra, dedicó sus últimas horas a disponer con vehemente afán el honor y la ceremonia de su entierro, y conminó a toda la nobleza que le visitaba a prometerle la asistencia a sus exequias. Incluso a este príncipe, que le vio en sus últimos momentos, le suplicó con insistencia que ordenara a su familia estar presente, y empleó buen número de ejemplos y razones para probar que así convenía a un hombre de su condición. Una vez obtenida esta promesa y dispuesta a su gusto la distribución y el orden del cortejo, pareció expirar satisfecho. Apenas he visto otra vanidad tan perseverante.