Los ensayos
Los ensayos En cuanto al griego, del que apenas entiendo nada, mi padre proyectó hacérmelo aprender por medio de un artificio, pero con un método nuevo, en forma de diversión y de ejercicio. Jugábamos con las declinaciones, como hacen quienes aprenden aritmética y geometría con ciertos juegos de tablero. Porque, entre otras cosas, le habían aconsejado que me diese a probar la ciencia y el deber con una voluntad no forzada y por mi propio deseo, y que criara mi alma con total dulzura y libertad, sin rigor ni constricción. Quiero decir, con un escrúpulo tal que, dado que algunos sostienen que despertar a los niños por la mañana de repente y arrancarlos del sueño —en el que están mucho más sumergidos que nosotros— de golpe y con violencia altera su tierno cerebro, me hacía despertar con el sonido de algún instrumento; y jamás me faltó alguien para rendirme este servicio.[168]