Los ensayos
Los ensayos [Sueños, terrores mágicos, milagros, brujas,
espectros nocturnos y portentos de Tesalia],
compadecía al pobre pueblo engañado por tales locuras. Y ahora me parece que yo mismo era por lo menos igualmente digno de lástima. No es que después la experiencia me haya hecho ver nada por encima de mis primeras creencias —y, sin embargo, no ha sido por falta de curiosidad—; pero la razón me ha enseñado que condenar una cosa tan resueltamente como falsa e imposible es arrogarse la superioridad de tener en la cabeza los términos y límites de la voluntad de Dios y de la potencia de nuestra madre naturaleza; y que no hay locura más notable en el mundo que reducirlos a la medida de nuestra capacidad y aptitud. Si llamamos monstruos o milagros a aquello donde no alcanza nuestra razón, ¡cuántos se nos ofrecen continuamente a los ojos! Consideremos a través de qué nubes y cuán a tientas somos conducidos al conocimiento de la mayoría de cosas que tenemos entre manos. Sin duda descubriremos que es la costumbre más que la ciencia lo que hace que no nos parezcan extrañas,
b | iam nemo, fessus saturusque uidendi,
suspicere in caeli dignatur lucida templa,[4]
[cansados y hartos como estamos de verla, ahora nadie
se digna a alzar los ojos hacia la luminosa bóveda del cielo],