Los ensayos
Los ensayos Cuando Lelio, en presencia de los cónsules romanos que, tras la condena de Tiberio Graco, perseguían a todos sus cómplices, preguntó a Cayo Blosio, su mejor amigo, qué habría aceptado hacer por él,[52] éste le respondió: «Todo». «¿Cómo todo?», prosiguió el otro; «¿y qué si te hubiese ordenado incendiar los templos?». «Nunca me lo habría ordenado», replicó Blosio. «Pero ¿si lo hubiese hecho?», añadió Lelio. «Habría obedecido», respondió. Si su amistad con Graco era tan perfecta como dicen los libros de historia, no tenía necesidad alguna de ofender a los cónsules con esta última y osada confesión; y no debía apartarse de su confianza en la voluntad de Graco.[53] Pero, con todo, quienes tachan de sediciosa su respuesta no entienden bien este misterio, y no presuponen, como es el caso, que estaba seguro de la voluntad de Graco, por poder y por conocimiento. c | Eran más amigos que ciudadanos, más amigos que amigos o enemigos de su país, que amigos de la ambición y del desorden.[54] Confiando plenamente el uno en el otro, los dos tenían por completo sujetas las riendas de la inclinación del otro. Y, si haces que el tiro sea guiado por la virtud y la dirección de la razón —por lo demás, es del todo imposible engancharlo sin esto—, la respuesta de Blosio es la correcta. Si sus acciones empezaron a fallar, no eran amigos el uno del otro según mi medida, ni amigos de sí mismos.