Los ensayos
Los ensayos a | En esta noble relación, los servicios y los favores, que nutren a las demás amistades, no merecen siquiera ser tenidos en cuenta. La causa es la fusión tan plena de las voluntades. La amistad que me profeso a mí mismo no se acrecienta por la ayuda que me proporciono en caso de necesidad, digan lo que digan los estoicos, y en absoluto me agradezco el servicio que me presto.[60] De igual manera, la unión de tales amigos, al ser verdaderamente perfecta, les hace perder el sentimiento de estos deberes, y detestar y excluir de entre ellos palabras de división y diferencia como «favor», «obligación», «reconocimiento», «ruego», «agradecimiento» y otras semejantes.[61] Dado que entre ellos todo es efectivamente común,[62] voluntades, pensamientos, juicios, bienes, mujeres, hijos, honor y vida, c | y dado que su acuerdo constituye un alma en dos cuerpos, según la muy certera definición de Aristóteles,[63] a | nada pueden prestarse ni darse. Por eso, los legisladores, para honrar el matrimonio por medio de alguna semejanza imaginaria con esta alianza divina, prohíben las donaciones entre marido y mujer. Pretenden con ello demostrar que todo debe ser de los dos, y que no han de dividir ni repartir nada entre ambos.[64] Si en la amistad de la que hablo uno pudiera dar al otro, sería el favorecido quien obligaría al compañero. Dado que ambos aspiran, más que a cualquier otra cosa, a favorecerse mutuamente, el que procura materia y ocasión de ser favorecido es quien asume el papel de generoso, brindando al amigo la satisfacción de efectuar con él aquello que más desea.[65] c | Cuando el filósofo Diógenes necesitaba dinero, no decía que lo pedía a los amigos, sino que lo exigía.[66]