Los ensayos
Los ensayos En suma, se trata de hechos inimaginables para quien no los ha experimentado, c | y que me llevan a honrar de forma extraordinaria la respuesta de un joven soldado a Ciro. Al preguntarle éste por cuánto cedería un caballo con el que acababa de ganar el premio de una carrera, y si lo querría cambiar por un reino, le dijo: «Ciertamente no, Majestad, pero sí lo entregaría de buena gana por adquirir un amigo, si hallara a alguien digno de semejante compromiso».[72] Decía con razón «si hallara a alguien». Porque es fácil encontrar hombres convenientes para una relación superficial, pero en ésta, en la cual se negocia desde lo más profundo del corazón, que no reserva nada, es necesario que todos los motivos sean perfectamente claros y seguros.
En aquellas alianzas que sólo están unidas por un extremo no debe atenderse sino a las imperfecciones que conciernen de modo particular a ese extremo. La religión de mi médico o de mi abogado no puede importar; tal consideración no tiene nada que ver con los servicios de la amistad que me deben. Y en la relación doméstica que mis sirvientes establecen conmigo, hago lo mismo. De un lacayo apenas pregunto si es casto; averiguo si es diligente. Y no temo tanto al mulero jugador como al débil, ni al cocinero que jura como al ignorante. No me dedico a decirle a la gente lo que tiene que hacer —ya hay bastantes que se dedican a ello—, sino lo que hago yo: