Los ensayos
Los ensayos a | De igual manera, parece que el alma turbada y conmovida se pierde en sí misma si no se le brinda un asidero, y hay que proporcionarle siempre algún objeto al que atenerse y sobre el cual actuar. Dice Plutarco, a propósito de quienes se encariñan con monitos y perrillos, que de este modo la parte amorosa que hay en nosotros, a falta de asidero legítimo, se forja uno falso y frívolo antes que permanecer inútil.[2] Y vemos que el alma, en sus pasiones, prefiere engañarse a sí misma, formándose un objeto falso y fantástico, incluso en contra de su propia creencia, a dejar de actuar contra alguna cosa. b | La rabia arrastra asimismo a los animales a atacar a la piedra y al hierro que los ha herido, y a vengarse a dentelladas sobre sí mismos del daño que sienten:
Pannonis haud aliter post ictum saeuior ursa
cum iaculum parua Lybis amentauit habena,
se rotat in uulnus, telumque irata receptum
impetit, et secum fugientem circuit hastam.[3]
[Así, la osa de Pannonia, más feroz herida por el venablo que el libio le ha lanzado con su correa corta, se revuelve contra la herida, ataca furiosamente el dardo recibido, y gira alrededor del asta que se le escapa con ella misma].