Los ensayos
Los ensayos LA MODERACIÓN
a | Como si nuestro tacto estuviera infecto, al tocarlas corrompemos las cosas que de suyo son bellas y buenas. Podemos asumir la virtud de manera que se vuelva viciosa si el deseo con que la abrazamos es demasiado áspero y violento. Quienes dicen que en la virtud jamás se produce exceso porque si hay exceso deja de ser virtud, juegan con las palabras:[1]
Insani sapiens nomen ferat, aequus iniqui,
ultra quam satis est uirtutem si petat ipsam.[2]
[Que el sabio lleve el nombre de insensato, el justo de
injusto, si buscan aun la virtud más allá de la medida].
Se trata de una sutil consideración filosófica. Es posible amar demasiado la virtud, y también entregarse en exceso en una acción justa. A este sesgo se acomoda la palabra divina: «No seáis más sabios de lo necesario; sed sobriamente sabios».[3]