Los ensayos
Los ensayos c | He visto a algún grande vulnerar el renombre de su religión por mostrarse religioso más allá de todo ejemplo de los hombres de su índole.[4] Me agradan las naturalezas templadas y medianas. La inmoderación, aun hacia el bien, si no me ofende, me asombra y me hace difícil bautizarla. La madre de Pausanias, que dio la primera instrucción y llevó la primera piedra para matar a su hijo,[5] y el dictador Postumio, que hizo morir al suyo, al que el ardor juvenil había empujado con éxito contra los enemigos un poco por delante de su línea,[6] no me parecen tan justos como extraños. Y una virtud tan salvaje y costosa no me agrada ni para aconsejarla ni para seguirla.