Los ensayos
Los ensayos a | ¿Qué decir del hecho de que nuestros médicos espirituales y corporales, como si hubiesen hecho un complot entre ellos, no encuentren vía alguna para la curación, ni remedio para las enfermedades del cuerpo y del alma, sino mediante el tormento, el dolor y el pesar. Vigilias, ayunos, cilicios, exilios remotos y solitarios, cárceles perpetuas, azotes y demás aflicciones han sido introducidos para esto; pero a condición de que sean verdaderamente aflicciones y de que estén provistas de una acritud hiriente.[24] b | Y de que no suceda como en el caso de Galio: enviado al exilio a la isla de Lesbos, llegaron a Roma noticias de que se lo estaba pasando bien y de que el castigo que le habían impuesto le resultaba favorable; mudaron, pues, de parecer y le volvieron a llamar junto a su mujer y a su casa, con la orden de permanecer allí, para acomodar el castigo a su sentimiento.[25] a | Porque, si ayunar le aguza a uno la salud y la vitalidad, si el pescado le resulta a alguien más apetitoso que la carne, deja de ser una receta salutífera; de la misma manera que en la otra medicina las drogas no surten efecto en quien las toma con deseo y placer. La amargura y la dificultad son circunstancias que sirven a su operación. El natural que admita el ruibarbo como cosa familiar, corrompe su uso.[26] Es preciso que hiera nuestro estómago para curarlo —aquí falla la regla general que dice que las cosas se curan por sus contrarios, porque el mal cura el mal.[27]