Los ensayos
Los ensayos b | Esa impresión se relaciona en cierto modo con esa otra tan antigua de pensar complacer al Cielo y a la naturaleza mediante nuestra masacre y homicidio, que fue universalmente abrazada en todas las religiones.[28] c | Todavía en tiempos de nuestros padres Amurat, en la conquista del istmo, inmoló seiscientos jóvenes griegos por el alma de su padre, con el objetivo de que la sangre propiciara la expiación de los pecados del fallecido.[29] b | Y en las nuevas tierras descubiertas en nuestra época, aún puras y vírgenes en comparación con las nuestras, es una práctica aceptada en alguna medida en todas partes: todos sus ídolos se abrevan de sangre humana, no sin varios ejemplos de horrible crueldad.[30] A unos los queman vivos y, medio asados, los retiran de la hoguera para arrancarles el corazón y las entrañas. A otros, incluso a mujeres, los desuellan vivos y con la piel así sangrante recubren y enmascaran a otros.[31] Y no son menos los ejemplos de firmeza y determinación. Porque esa pobre gente a la que sacrifican, ancianos, mujeres, niños, se dedican ellos mismos a mendigar, unos días antes, limosnas para la ofrenda de su sacrificio, y se presentan a la carnicería cantando y danzando con los asistentes.[32] Los embajadores del rey de México, dando a entender a Hernán Cortés la grandeza de su amo, tras decirle que disponía de treinta vasallos cada uno de los cuales podía reunir a cien mil combatientes, y que habitaba en la ciudad más bella y fuerte que existía bajo el cielo, añadieron que podía sacrificar a los dioses cincuenta mil hombres al año.[33] A decir verdad, se dice que alentaba la guerra con ciertos grandes pueblos vecinos no sólo como ejercicio para la juventud del país, sino sobre todo para poder proveer sus sacrificios con prisioneros de guerra.[34] En otro sitio, en determinada villa, para dar la bienvenida a Cortés, sacrificaron a cincuenta hombres juntos.[35] Añadiré un relato: algunos de estos pueblos, tras ser derrotados por él, enviaron a conocerle y a buscar su amistad; los mensajeros le presentaron tres clases de regalos de esta manera: «Señor, aquí tienes a cinco esclavos: si eres un dios feroz que te alimentas de carne y sangre, cómetelos y te traeremos más; si eres un dios bondadoso, aquí tienes incienso y plumas; si eres un hombre, toma las aves y los frutos que te damos».[36]