Los ensayos

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a | Por lo demás, viven en una región muy agradable y bien templada, de suerte que, según me han dicho mis testigos, es raro ver a un hombre enfermo; y me han asegurado no haber visto a nadie tembloroso, legañoso, desdentado o curvado por la vejez[26]. Habitan a lo largo de la costa, y encerrados por el interior por grandes y altas montañas, en un área de cien leguas de anchura. Disponen de gran abundancia de pescado y de carnes, que en nada se parecen a los nuestros, y los comen sin más arte que asarlos. El primero que llevó un caballo hasta allí, aunque los había visitado en otros muchos viajes, les causó tal horror con esa montura que lo mataron a flechazos antes de llegar a reconocerlo.[27] Sus construcciones son muy largas, y tienen capacidad para doscientas o trescientas almas; están cubiertas con la corteza de grandes árboles, sujetas al suelo por un extremo, y sostenidas y apoyadas entre sí por la techumbre, al modo de algunas de nuestras granjas, cuyo tejado cuelga hasta el suelo y sirve de pared lateral. Disponen de una madera tan dura que con ella cortan y fabrican sus espadas y sus parrillas para asar los alimentos. Las camas son de un tejido de algodón y cuelgan del techo, como las de nuestros barcos, una para cada uno; las esposas duermen, en efecto, separadas de los maridos. Se levantan con el sol, y una vez levantados comen enseguida para todo el día, pues no hacen otra comida que ésta. En ese momento no beben, como dice Suidas de otros pueblos de Oriente, que bebían fuera de las comidas; beben muchas veces a lo largo del día, y en gran cantidad. Su bebida está hecha de cierta raíz, y tiene el color de nuestros vinos claretes. Sólo la beben tibia; no se conserva más que dos o tres días, tiene un sabor un poco picante, nada humoso, es saludable para el estómago y laxante para quienes no están habituados a ella; muy agradable para quien se ha acostumbrado.[28] En lugar de pan, emplean cierta materia blanca, como coriandro confitado.[29] Lo he probado; tiene un sabor dulce y un poco insípido. Pasan el día entero bailando. Los más jóvenes salen a cazar animales con arcos. Una parte de las mujeres se dedica entretanto a calentar la bebida, que es su principal cometido.[30] Uno de los ancianos, por la mañana, antes de empezar a comer, predica a toda la granja a la vez, andando de un extremo a otro, y repitiendo la misma frase muchas veces, hasta que da una vuelta completa —pues son construcciones que llegan a tener unos cien pasos de longitud—[31]. Sólo les recomienda dos cosas: valor contra los enemigos y amistad hacia sus esposas. Y nunca dejan de señalar esta obligación, como su estribillo, que ellas son quienes les mantienen la bebida tibia y preparada. Se ve en muchos sitios, y entre ellos en mi casa, la forma de sus camas, de sus cordones, de sus espadas y de los brazaletes de madera con que se cubren las muñecas en los combates, y de unas grandes cañas abiertas por un extremo, con cuyo sonido sostienen la cadencia cuando bailan. Van rasurados por todas partes, y se afeitan con mucha mayor perfección que nosotros con una simple navaja de madera o de piedra.[32] Creen que las almas son eternas, y que las que han hecho buenos méritos ante los dioses se alojan en el lugar del cielo donde se alza el sol; las malditas, del lado de Occidente.[33]


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