Los ensayos
Los ensayos Si sus vecinos cruzan las montañas para atacarlos, y logran la victoria frente a ellos, el beneficio del vencedor es la gloria y la ventaja de haber sido superiores en valor y en virtud. En efecto, no precisan para otra cosa los bienes de los vencidos, y regresan a su país, donde no les falta nada necesario, tampoco la gran cualidad que consiste en saber gozar felizmente de la propia condición y en contentarse con ella.[45] Lo mismo hacen éstos llegado el caso. No piden a sus prisioneros otro rescate que admitir y reconocer que están vencidos; pero, en todo un siglo, no hay uno solo que no prefiera la muerte a rebajar ni siquiera un ápice, ni con el gesto ni con la palabra, una grandeza de ánimo invencible. No hay nadie que no prefiera que lo maten y coman a pedir simplemente que no lo hagan. Los mantienen en plena libertad,[46] para que la vida les resulte tanto más estimable; y les suelen hablar de las amenazas de su futura muerte, de los tormentos que habrán de sufrir, de los preparativos que se efectúan con tal objeto, del desgarramiento de sus miembros y del festín que se realizará a su costa. Todo ello lo hacen con el único fin de arrancarles de la boca alguna palabra blanda o abatida, o de suscitarles el deseo de huir, para lograr la superioridad de haberlos asustado y de haber forzado su entereza. Además, en efecto, si lo consideramos bien, la verdadera victoria consiste tan sólo en este punto:
c | uictoria nulla est