Los ensayos
Los ensayos Éstas eran las formas verdaderamente romanas, no las de la sutileza griega y la astucia púnica, en que vencer por la fuerza es menos glorioso que hacerlo merced al fraude.[4] El engaño puede servir para la ocasión, pero sólo se da por vencido quien sabe que lo ha sido no con un ardid o por suerte, sino por medio de la valentía,[5] ejército frente a ejército, en guerra franca y justa. El lenguaje de esta gente honrada pone muy bien de manifiesto que aún no habían hecho suya esta bonita sentencia:[6]
a | dolus an uirtus quis in hoste requirat?[7]
[astucia o valor, en la guerra, ¿quién preguntará?]
c | Los aqueos, dice Polibio, aborrecían cualquier medio engañoso en las guerras; sólo consideraban victoria aquella en la cual se abaten los ánimos de los enemigos.[8] «Eam uir sanctus et sapiens sciet ueram esse uictoriam quae salua fide et integra dignitate parabitur»[9] [El hombre santo y sabio reconocerá como verdadera victoria la que se alcanza sin vulneración de la palabra dada ni mengua de la dignidad], dice otro.
Vos ne uelit, an me regnare hera: quidue ferat fors uirtute experiamur.[10]
[Veamos, probando nuestro valor, si la suerte soberana quiere que reines tú o yo, y qué nos reserva].