Los ensayos
Los ensayos a | No sé quién le preguntó a uno de nuestros pordioseros, al que veía en mangas de camisa en pleno invierno no menos escarrabilhat [vivaz] que uno que se arropara con pieles de marta hasta las orejas, cómo podía resistir. «Y vos, señor», respondió, «lleváis la cara descubierta; pues bien, yo soy todo cara».[5] Los italianos cuentan del bufón del duque de Florencia, me parece, que, al preguntarle su amo cómo podía soportar el frío tan mal vestido, cosa de la que él mismo era del todo incapaz, le dijo: «Seguid mi receta de cargar encima todos vuestros atuendos, como hago yo con los míos; no soportaréis más que yo». Al rey Masinisa no pudieron animarle, ni siquiera en su extrema vejez, a cubrirse la cabeza, por más frío que hiciese, hubiera tormenta o lluvia.[6] c | Se cuenta lo mismo del emperador Severo.[7] En las batallas libradas entre egipcios y persas, cuenta Heródoto que otros y él mismo observaron que, entre los muertos, los egipcios tenían el cráneo incomparablemente más duro que los persas, debido a que éstos llevan siempre la cabeza cubierta de gorros, y después de turbantes, mientras que aquéllos la llevan rasurada desde la infancia y descubierta.[8]