Los ensayos
Los ensayos CATĂN EL JOVEN
a | No caigo en el error comĂșn de juzgar al otro segĂșn lo que yo soy.[1] Me resulta fĂĄcil creer de Ă©l cosas diferentes a mĂ. c | No porque yo me sienta apegado a una forma, obligo al mundo a someterse a ella, como hacen todos; y creo y concibo mil maneras de vida contrarias. Y, al revĂ©s que a la mayorĂa, me cuesta menos admitir la diferencia que la semejanza entre nosotros. Libero al otro a su antojo de tener mis condiciones y principios, y le considero simplemente en sĂ mismo, sin relaciĂłn, y lo visto segĂșn su propio modelo. Aun no siendo casto, no dejo de reconocer sinceramente la continencia de los fulienses y de los capuchinos, ni de percibir bien el aire de su modo de vida.[2] Me pongo muy bien en su lugar con la imaginaciĂłn. Y los estimo y honro tanto mĂĄs cuanto son diferentes de mĂ. Deseo singularmente que nos juzguen a cada uno por sĂ mismo, y que no me deduzcan de los ejemplos comunes.