Los ensayos
Los ensayos El mismo esfuerzo que se emplea en denigrar a estos grandes nombres, y la misma licencia, los emplearÃa yo de buena gana en echarles una mano para ensalzarlos. A estas figuras singulares y escogidas como ejemplo del mundo por acuerdo de los sabios, yo no vacilarÃa en aumentarles el honor, hasta donde alcanzara mi inventiva, en cuanto a interpretación y circunstancias favorables. Y debemos creer que los esfuerzos de nuestra invención quedan muy por debajo de su mérito. La gente de bien tiene la obligación de pintar la virtud con toda la belleza posible; y no dejarÃa de convenir que la pasión nos transportara al amparo de formas tan santas. Lo que hacen éstos, por el contrario, a | lo hacen o por malicia o por el vicio de no creer sino en aquello a su alcance, del que acabo de hablar, o, pienso más bien, porque su vista no es lo bastante fuerte ni lo bastante limpia, ni está dirigida, para concebir el esplendor de la virtud en su pureza genuina. AsÃ, Plutarco dice que en su tiempo algunos atribuÃan la causa de la muerte de Catón el Joven a su miedo a César —lo cual le enoja con razón;[8] y puede juzgarse a partir de ahà cuánto más le habrÃa ofendido que haya quienes la atribuyen a ambición—.[9] c | ¡Qué gente más necia! Este personaje habrÃa preferido realizar una acción bella, noble y justa con ignominia a hacerla por la gloria. a | Fue verdaderamente un modelo elegido por la naturaleza para mostrar hasta dónde podÃan llegar la virtud y la firmeza humanas.