Los ensayos
Los ensayos Quidue superbia, spurcitia, ac petulantia, quantas
efficiunt clades, quid luxus desidiesque?[21]
[si nuestro corazón no está limpio, ¿qué combates y peligros no deberemos afrontar a nuestro pesar? ¿Cuántas cuitas dolorosas y también cuántos temores desgarran al hombre agitado por la pasión? Y la soberbia, la lascivia y la insolencia, ¿cuántos desastres causan? ¿Y el lujo y la desidia?]
a | Nuestro mal nos embarga en el alma; ahora bien, ésta no puede huir de sí misma:
In culpa est animus qui se non effugit unquam.[22]
[La culpa es del alma, que nunca escapa de sí misma].
Por tanto, debemos replegarla y retirarla en su interior. Ésta es la verdadera soledad, que puede gozarse en medio de las ciudades y de las cortes de los reyes; pero se goza con más comodidad aparte.