Los ensayos
Los ensayos Si el ser original de las cosas que tememos tuviese el poder de alojarse en nosotros por su propia autoridad, lo harÃa de manera parecida y semejante en todos. En efecto, los hombres son todos de la misma especie y, salvo diferencias de más o menos, están provistos de útiles e instrumentos similares para entender y juzgar. Pero la variedad de opiniones sobre las cosas muestra claramente que éstas sólo penetran en nosotros con una transacción. Quizá alguno las cobije en su interior en su verdadero ser, pero otros mil les confieren un ser nuevo y contrario en ellos.
Consideramos la muerte, la pobreza y el dolor como nuestros principales adversarios. Pues bien, la muerte, a la que algunos llaman la más horrible de las cosas horribles,[4] ¿quién ignora que otros la denominan único puerto de los tormentos de esta vida,[5] bien supremo de la naturaleza,[6] único sostén de nuestra libertad, y remedio general y rápido para todos los males?[7] Y, asà como algunos la esperan temblorosos y asustados, otros la soportan más gustosamente que la vida.[8] b | Ése lamenta su facilidad:[9]
Mors, utinam pauidos uitae subducere nolles,
sed uirtus te sola daret.[10]
[¡Ojalá, oh muerte, rehusaras sustraer a los
cobardes de la vida y sólo te ofrecieras al valor].