Los ensayos

Los ensayos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

c | No hay opinión que no tenga fuerza suficiente para hacerse abrazar a costa de la vida. El primer artículo del valeroso juramento que Grecia prestó y mantuvo en la guerra médica fue que todos preferían cambiar la vida por la muerte antes que sus leyes por las persas.[20] ¡A cuánta gente vemos, en la guerra entre turcos y griegos, que aceptan una amarguísima muerte antes que descircuncidarse para abrazar el bautismo! Ninguna suerte de religión es incapaz de un ejemplo así. Cuando los reyes de Castilla echaron de sus tierras a los judíos, el rey Juan de Portugal les vendió, a ocho escudos por cabeza, refugio en las suyas por cierto tiempo, con la condición de que, éste cumplido, habrían de evacuarlas; por su parte, les prometía proporcionarles barcos para trasladarlos a África.[21] Llegado el día tras el cual se había dicho que quienes no hubiesen obedecido se convertirían en esclavos,[22] apenas les dieron barcos, y a los que se embarcaron las tripulaciones los trataron con violencia y abyección. Además de otras muchas indignidades, los tuvieron en el mar yendo adelante y atrás hasta que agotaron las vituallas y se vieron forzados a comprárselas a ellos, a un precio tan alto y durante tanto tiempo que al dejarlos en la orilla no les quedaba nada. Transmitida la noticia de tal inhumanidad a quienes permanecían en tierra, la mayoría se resolvió a la esclavitud, algunos fingieron cambiar de religión. Cuando Manuel, sucesor de Juan, asumió la corona, primero los dejó en libertad; después cambió de parecer y les ordenó salir de sus países, asignando tres puertos para el traslado. Esperaba, dice el obispo Osorio —historiador latino no despreciable de nuestros siglos—,[23] que si el favor de la libertad que les había devuelto no había servido para convertirlos al cristianismo, la dificultad de confiarse a la rapiña de los marineros, de abandonar un país al que estaban habituados, con grandes riquezas, para aventurarse a una tierra desconocida y extranjera, los llevaría a ello. Pero, al verse sus esperanzas defraudadas, y todos ellos decididos al traslado, eliminó dos de los puertos que les había prometido, para que la duración y la incomodidad del trayecto sometiera a algunos —o para poder apiñarlos a todos en un sitio a fin de llevar a cabo de manera más cómoda lo que había determinado—. Fue el caso que ordenó arrancar de las manos de sus padres y madres a todos los niños menores de catorce años para llevarlos, fuera de su vista y trato, a un lugar donde instruirlos en nuestra religión. Dice[24] que el hecho ocasionó un horrible espectáculo; el sentimiento natural entre padres e hijos, al cual se añadía el celo por su antigua creencia, se oponía a una orden tan violenta. Se vio a numerosos padres y madres quitarse la vida y —este ejemplo es aún más duro— arrojar a pozos, por amor y compasión, a sus jóvenes hijos para eludir la ley. Al cabo, cumplido el plazo que les había fijado, por falta de medios, volvieron a la esclavitud. Algunos se hicieron cristianos. De su fe, o de la de sus descendientes, todavía hoy, cien años después, pocos portugueses están seguros, aunque la costumbre y el paso del tiempo sean consejeros mucho más fuertes para tales mutaciones que cualquier otra coacción.[25] En la ciudad de Castelnaudary, cincuenta albigenses herejes soportaron juntos, con entereza de ánimo, ser quemados vivos en una hoguera antes que repudiar sus opiniones.[26] «Quoties non modo ductores nostri», dice Cicerón, «sed uniuersi etiam exercitus ad non dubiam mortem concurrerunt»[27] [Cuántas veces no sólo nuestros jefes, sino también ejércitos enteros se lanzaron a una muerte segura].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker