Los ensayos
Los ensayos Bien, me dirán, tu regla sirve para la muerte, pero ¿qué dices de la indigencia? ¿Qué dices también del dolor, que c | Aristipo, Jerónimo y a | la mayoría de sabios han considerado el mal supremo[32] —y quienes lo negaban de palabra, lo reconocían de hecho? Pompeyo acudió a ver a Posidonio, al que atormentaba de manera extrema una enfermedad aguda y dolorosa, y se excusó por haber escogido una hora tan inoportuna para oírle charlar de filosofía: «¡Dios no quiera», le dijo Posidonio, «que el dolor me venza hasta el punto de impedirme discurrir y hablar de ella!», y se lanzó sobre ese mismo tema del desprecio del dolor. Pero, mientras tanto, éste cumplía su papel y no cesaba de hostigarle. Ante ello, exclamaba: «Por más que hagas, dolor, no diré que seas un mal».[33] Este cuento, al que tanto valor conceden, ¿qué importancia tiene para el desprecio del dolor? Se limita a debatir sobre la palabra y, sin embargo, si las punzadas no le turban, ¿por qué interrumpe su charla? ¿Por qué piensa que hace mucho si no lo llama mal?
Aquí no todo consiste en la imaginación. Sobre las cosas restantes, opinamos; aquí desempeña su papel la ciencia cierta. Nuestros propios sentidos son jueces:
Qui nisi sunt ueri, ratio quoque falsa sit omnis.[34]
[Si ellos no son veraces, toda la razón será también falsa].