Los ensayos
Los ensayos dicen. Pero el filósofo Crisipo no habría sido de este parecer, y yo tampoco. Decía, en efecto, que quienes disputan una carrera deben emplear todas sus fuerzas para ser veloces; pero que, sin embargo, en absoluto les está permitido alzar la mano contra el adversario para frenarlo, ni echarle la zancadilla para hacerlo caer.[13] b | Y, con más nobleza aún, el gran Alejandro le dijo a Polipercón que le aconsejaba utilizar la ventaja que le brindaba la oscuridad de la noche para atacar a Darío: «No, no es propio de mí buscar victorias furtivas. Malo me fortunae poenitat, quam uictoria pudeat»[14] [Prefiero tener que lamentarme de la fortuna que avergonzarme de la victoria].
Atque idem fugientem haud est dignatus Orodem
stemere, nec iacta caecum dare cuspide uulnus:
obuius, aduersoque occurrit, seque uiro uir
contulit, haud furto melior, sed fortibus armis.[15]
[No aceptó abatir a Orodes en la huida, arrojándole una lanza por la espalda: atacó de frente, cara a cara, y se dirigió a él para un combate de hombre a hombre, como un guerrero que vence no por astucia sino por el valor de sus armas].