Los ensayos
Los ensayos b | Mi segunda forma ha sido tener dinero. Me dediqué a ello y logré pronto reservas notables con arreglo a mi condición; no consideraba que fuera tener sino aquello que se posee más allá del gasto ordinario, ni que pudiera confiarse en el bien que está aún en expectativa de ingreso, por clara que sea. Pues, me decÃa, ¿y si me sorprende tal o cual accidente? Y a resultas de estas vanas y viciosas fantasÃas, me las daba de ingenioso para proveer con esta superflua reserva a todos los inconvenientes. Y era incluso capaz de responder a quien me alegase que el número de los inconvenientes era demasiado infinito, que si no a todos, a algunos o a muchos. Esto no sucedÃa sin una solicitud penosa. c | HacÃa de ello un secreto; y yo, que me atrevo a decir tanto de mÃ, sólo hablaba de mi dinero mintiendo, tal como hacen los demás, que se empobrecen si son ricos, se enriquecen si son pobres, y permiten a su conciencia no dar nunca sincero testimonio de lo que tienen —ridÃcula y vergonzosa prudencia—. b | ¿PartÃa de viaje? Nunca me parecÃa ir suficientemente provisto. Y cuanto más cargado iba de moneda, más cargado iba también de temor a veces por la seguridad de los caminos, a veces por la fidelidad de los que llevaban mi equipaje —como les ocurre a otros que conozco, nunca estaba bastante seguro si no lo tenÃa ante los ojos—. ¿Dejaba mi caja en casa? ¡Cuántas sospechas y pensamientos espinosos y, lo que es peor, incomunicables! Mi espÃritu estaba siempre de ese lado. c | A fin de cuentas, requiere más esfuerzos guardar el dinero que ganarlo. b | Si no hacÃa del todo tanto como digo, al menos me costaba evitar hacerlo. Provecho, sacaba poco o ninguno. c | No por tener más posibilidad de gasto, me pesaba menos. b | Pues, como decÃa Bión, el melenudo se enoja igual que el calvo si se le arranca el cabello;[93] y cuando te has acostumbrado y has fijado tu fantasÃa en cierto montón, deja de estar a tu servicio. c | No osarÃas menguarlo. b | Es un edificio que, asà te lo parece, se desplomará todo si tocas algo. Hará falta que la necesidad te agarre por la garganta para que lo mermes. Y, con anterioridad, empeñaba mis trapos y vendÃa un caballo mucho menos forzado y a regañadientes de lo que entonces hacÃa mella en esta bolsa favorita, que mantenÃa aparte. Pero el peligro radicaba en que difÃcilmente puede uno establecerle lÃmites seguros a este deseo —c | cuestan de encontrar en las cosas que se creen buenas—[94] b | y fijar un punto al ahorro. Uno continúa engrosando el montón, y aumentándolo de un número a otro, hasta privarse vilmente del disfrute de los propios bienes, y fundarlo todo en la custodia, y no usarlos. c | Según esta forma de uso, la gente más rica del mundo es la que se encarga de la vigilancia de las puertas y los muros de una buena ciudad. Todo hombre adinerado es, a mi juicio, avaricioso. Platón ordena asà los bienes corporales o humanos salud, belleza, fuerza, riqueza. Y la riqueza, dice, no es ciega sino muy clarividente cuando la ilumina la prudencia.[95]