Los ensayos
Los ensayos b | Dionisio el Hijo fue benevolente en este asunto. Le advirtieron de que uno de sus siracusanos había escondido un tesoro bajo tierra. Le ordenó que se lo trajera, y él así lo hizo, pero reservándose furtivamente una parte. Con ella partió a otra ciudad, donde, perdido el afán de amasar riquezas, empezó a vivir con mayor generosidad. Al oírlo Dionisio, mandó devolverle el resto del tesoro, diciendo que, puesto que había aprendido a saber usar de él, se lo devolvía de buena gana.[96] Yo estuve algunos años[97] en esta situación. No sé qué buen demonio[98] me sacó de ella con suma utilidad, como al siracusano, y me hizo olvidar todo ese ahorro; el placer de cierto viaje de gran gasto echó abajo esa necia fantasía.