Los ensayos
Los ensayos c | Nada entorpece tanto, nada es tan desganado como la abundancia. ¿Qué deseo no se desalentaría viendo a trescientas mujeres a su merced, como las tiene el Gran Señor en su serrallo?[38] ¿Y qué deseo y tipo de caza se había reservado aquel ancestro suyo que nunca salía al campo con menos de siete mil halconeros?[39] a | Y, además, creo que este fulgor de grandeza comporta no ligeros inconvenientes para el disfrute de los placeres más dulces. Están demasiado iluminados y demasiado expuestos. b | Y, no sé cómo, a ellos se les exige más que escondan y encubran su falta. Porque aquello que para nosotros es falta de juicio, en su caso el pueblo lo considera tiranía, desprecio y desdén de las leyes. Y, aparte de la inclinación al vicio, parece que ellos le añaden también el placer de maltratar y pisotear los usos públicos. c | Lo cierto es que Platón, en su Gorgias, define al tirano como aquel que, en una ciudad, tiene licencia para hacer todo lo que se le antoja.[40] b | Y a menudo, por este motivo, la manifestación y exhibición de su vicio hiere más que el vicio mismo. Todo el mundo teme ser espiado y controlado. Ellos lo son hasta en los gestos y en los pensamientos; el pueblo entero se considera provisto del derecho y del interés de juzgarlo. Además que las manchas se agrandan según la eminencia y la claridad del lugar en el cual están situadas, y que una señal y una verruga en la frente se ven más que una cicatriz en otro sitio.[41] a | Ésta es la razón por la cual los poetas imaginan que los amores de Júpiter fueron consumados con otro aspecto que el suyo; y, entre tantas relaciones amorosas como le atribuyen, sólo en una, me parece, se presenta con su grandeza y majestad.[42]