Los ensayos
Los ensayos LA OCIOSIDAD
a | Vemos que las tierras ociosas, si son ricas y fértiles, rebosan de cien mil clases de hierbas salvajes e inútiles, y que, para mantenerlas a raya, es preciso someterlas y dedicarlas a determinadas semillas para nuestro servicio.[1] Y vemos asimismo que las mujeres producen por sí mismas molas y pedazos de carne informes, pero que, para efectuar una generación buena y natural, hay que ocuparlas con otra semilla.[2] Lo mismo ocurre con los espíritus. Si no los ocupamos en un asunto determinado que los refrene y obligue, se lanzan en desorden, a diestro y siniestro, por el vago campo de las imaginaciones:
b | Sicut aquae tremulum labris ubi lumen ahenis
sole repercussum, aut radiantis imagine Lunae
omnia peruolitat late loca, iamque sub auras
erigitur, summique ferit laquearia tecti.[3]
[Como en un vaso de bronce la luz temblorosa del agua que refleja el sol o la imagen de la luna revolotea a lo lejos, surge en el aire y golpea los artesonados de los techos más altos].
a | Y no hay locura ni desvarío que no produzcan en tal agitación,
uelut aegri somnia, uanae
finguntur species.[4]