Los ensayos
Los ensayos a | Cuando el rey Pirro intentaba pasar a Italia, Cineas, su sabio consejero, queriéndole hacer notar la vanidad de su ambición, le preguntó: «¡Y bien!, Majestad, ¿con qué fin preparáis esta gran empresa?». «El de adueñarme de Italia», respondió de inmediato. «¿Y después, cuando lo hayáis logrado?», prosiguió Cineas. «Pasaré a la Galia y a España», dijo el otro. «¿Y después?». «Iré a subyugar África; y, al final, cuando tenga el mundo en mi poder, descansaré y viviré satisfecho y feliz». «Por Dios, Majestad», atacó entonces de nuevo Cineas, «decidme, ¿qué os impide estar desde ahora mismo, si lo queréis, en esa situación?, ¿porqué no os dedicáis desde este momento a aquello a lo que decís aspirar, y os ahorráis todo el esfuerzo y riesgo que ponéis en medio?».[54]
Nimirum quia non bene norat quae esset habendi
finis, et omnino quoad crescat uera uoluptas.[55]
[Sin duda porque no sabía cuál era el límite de la posesión,
y hasta dónde puede alcanzar el verdadero placer].
Voy a cerrar este capítulo con un versillo antiguo que me parece singularmente hermoso a este propósito:
Mores cuique sui fingunt fortunam.[56]