Los ensayos

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La muerte de este emperador tiene muchas cosas en común con la del gran Catón, y en particular esto. En efecto, cuando Catón se disponía a quitarse la vida, mientras esperaba que le informaran de si los senadores a los que hacía partir se habían alejado del puerto de Útica, se quedó dormido tan profundamente que los soplidos se oían desde la habitación vecina. Y cuando aquel al que había enviado al puerto le despertó para decirle que la tormenta impedía a los senadores navegar con tranquilidad, envió aún a otro y, hundiéndose más en el lecho, dormisqueó un rato más hasta que este último le aseguró que habían partido.[5] También podemos compararlo con el gesto de Alejandro en la grande y peligrosa tormenta que le amenazaba por la sedición del tribuno Metelo, que pretendía hacer votar un decreto para llamar a Pompeyo a la ciudad con su ejército, en la época del levantamiento de Catilina. Sólo Catón se resistía a tal decreto, y Metelo y él habían cruzado gruesas palabras y grandes amenazas en el Senado. Pero era al día siguiente, en la plaza, donde había que ponerlo en práctica, y en ella Metelo, aparte del favor del pueblo y de César, que entonces conspiraba para favorecer a Pompeyo, iba a encontrarse acompañado de un buen número de esclavos extranjeros y gladiadores, mientras que a Catón le asistía sólo su firmeza. Sus parientes, sus amigos y mucha gente de bien estaban muy inquietos; y algunos de ellos pasaron juntos la noche sin querer descansar, ni beber, ni comer, por el peligro que veían que le habían dispuesto; incluso su esposa y sus hermanas no hacían más que llorar y atormentarse en su casa. Él, en cambio, consolaba a todo el mundo, y, tras cenar como de costumbre, se acostó y se quedó dormido con un sueño profundísimo hasta la mañana, cuando uno de sus compañeros en el tribunal vino a despertarle para acudir a la escaramuza.[6] Lo que sabemos de la grandeza de ánimo de este hombre[7] por el resto de su vida, nos permite juzgar con plena seguridad que tal cosa procedía de un alma elevada tan por encima de estos accidentes que no se dignaba inquietarse por ellos, no más que si fuesen accidentes comunes.


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