Los ensayos
Los ensayos En la batalla naval que Augusto ganó contra Sexto Pompeyo en Sicilia, en el momento de ir al combate, se vio asaltado por un sueño tan profundo que sus amigos tuvieron que despertarlo para que diese la señal de batalla. Ello fue ocasión para que Marco Antonio le reprochara después que ni siquiera había tenido el valor de mirar con los ojos abiertos la disposición de su ejército, y que no había osado presentarse ante los soldados hasta que Agripa vino a anunciarle la noticia de la victoria lograda sobre sus enemigos.[8] Mario el Joven hizo algo todavía peor, pues el día de su última batalla contra Sila, tras haber dispuesto su ejército y dado la orden y la señal de batalla, se echó a la sombra de un árbol para descansar, y se durmió tan profundamente que apenas pudo despertarse con la derrota y huida de su gente, sin haber visto nada del combate. Pero, según se dice, ello se debió a que estaba tan abrumado por el esfuerzo y la falta de descanso que su naturaleza no podía más.[9] Y los médicos decidirán si el dormir es tan necesario que nuestra vida depende de ello. Porque vemos que al rey Perseo de Macedonia, prisionero en Roma, le quitaron la vida privándole del sueño;[10] pero Plinio alega el caso de algunos que vivieron mucho tiempo sin dormir.[11] c | Heródoto habla de naciones en las cuales los hombres duermen y velan cada medio año.[12] Y quienes escriben la vida del sabio Epiménides dicen que durmió cincuenta y siete años seguidos.[13]