Los ensayos
Los ensayos a | Ítem, ¿no dirá la posteridad que nuestra actual reforma ha sido escrupulosa y estricta, pues no sólo se ha opuesto a errores y vicios, y ha llenado el mundo de devoción, humildad, obediencia, paz y toda especie de virtudes, sino que ha llegado hasta el extremo de oponerse a los nombres antiguos de nuestros bautismos —Carlos, Luis, Francisco— para poblar el mundo de Matusalenes, Ezequieles y Malaquías, que evocan mucho mejor la fe?[9] Un gentilhombre vecino mío, sopesando las ventajas de los viejos tiempos en comparación con los nuestros, no se olvidaba de registrar la altivez y magnificencia de los nombres de la nobleza de aquellos tiempos —Don Grumedán, Quadragante, Agesilán—, y el hecho de que, sólo con oírlos sonar, se notaba que habían sido gente muy distinta de los Pedros, Guillermos y Migueles.[10]