Los ensayos

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Pero ¿por qué no decir también lo contrario: que es propio de un espíritu apresurado e insaciable no saber poner fin a la codicia; que es abusar de los favores de Dios querer hacerle perder la medida que les ha prescrito; y que volverse a lanzar al peligro tras la victoria es dejarla una vez más a merced de la fortuna; que una de las mayores sabidurías del arte militar radica en no empujar al enemigo a la desesperación? Cuando Sila y Mario derrotaron en la guerra de los aliados a los Marsos, vieron que restaba aún un grupo que por desesperación volvía a arrojarse contra ellos como animales furiosos, pero no les pareció oportuno esperarlos.[7] Si el ardor del señor de Foix no le hubiera arrastrado a perseguir con excesiva violencia los restos de la victoria de Rávena, no la habría mancillado con su muerte.[8] Sin embargo, el recuerdo reciente de su ejemplo sirvió también para que el señor de Enghien evitara la misma desventura en Ceresole.[9] Es peligroso atacar a un hombre a quien has privado de cualquier otra escapatoria que no sean las armas: la necesidad es en efecto una violenta maestra —c | grauissimi sunt morsus irritatae necessitatis[10] [las mordeduras de la necesidad irritada son gravísimas].

b | Vincitur haud gratis iugulo qui prouocat hostem.[11]

[No se vence sin pagar cuando se le ofrece la garganta al enemigo].


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