Los ensayos
Los ensayos Pese a todo, optó por llamar a las fuerzas que tenía más allá de las montañas y por ver llegar al enemigo, pues imaginó, por el contrario, que si permanecía en casa y entre amigos no dejaría de disponer de todos los bienes en abundancia: los ríos y los pasos, a su disposición, le llevarían víveres y dineros con plena seguridad y sin requerir escolta; que sus súbditos le serían tanto más afectos cuanto más cerca tuvieran el peligro; que, con tantas ciudades y barreras para protegerse, le correspondería a él permitir el combate según su oportunidad y ventaja; y que si le placía contemporizar, podría ver, resguardado y a sus anchas, cómo el enemigo se consumía y se derrotaba a sí mismo por las dificultades que se le opondrían, internado en una tierra hostil donde ni delante ni detrás ni al lado nada tendría que no le hiciera la guerra, ningún medio para reforzar o reponer su ejército si las enfermedades se introducían en él, ni para cobijar a sus heridos; ningún dinero, ninguna provisión sino a punta de lanza; ningún momento para reposar y tomar aliento; ningún conocimiento de los lugares ni del país que pudiera defenderle de emboscadas y ataques por sorpresa; y, si perdía una batalla, ningún medio para salvar los restos.