Los ensayos

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CAPÍTULO XLVIII

LOS CABALLOS DESTREROS

a | Heme aquí convertido en gramático, yo que no aprendí nunca lengua alguna sino por rutina,[1] y que aún no sé qué son el adjetivo, el conjuntivo y el ablativo. Me parece haber oído decir que los romanos tenían unos caballos a los que llamaban funales o dextrarios, que se llevaban a la derecha o como relevo, para tenerlos bien frescos en caso de necesidad;[2] y de ahí viene que llamemos «destreros» a los caballos de servicio. Y nuestros romances suelen decir «adestrar» por acompañar.[3] Llamaban también desultorios equos a los caballos que estaban adiestrados de tal manera que, corriendo con toda su fuerza a la misma altura el uno del otro, sin brida ni silla, los gentilhombres romanos, incluso completamente armados, saltaban una y otra vez, en plena carrera, del uno al otro. c | Los soldados númidas llevaban de la mano un segundo caballo para cambiar en lo más arduo de la pelea: quibus, desultorum in modum, binos trahentibus equos, inter acerrimam saepe pugnam in recentem equum ex fesso armatis transsultare mos erat: tanta uelocitas ipsis, tamque docile equorum genus[4] [los cuales tenían la costumbre, al modo de los jinetes de relevos, de llevar dos caballos y de saltar a menudo, completamente armados, en lo más duro del combate, del caballo cansado al fresco: tanta era su agilidad y tan dócil aquella raza de caballos].


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