Los ensayos
Los ensayos Hay muchos caballos que están adiestrados para socorrer a su dueño, perseguir al que les muestra una espada desenvainada, arrojarse con pezuñas y dientes contra quienes los atacan y hacen frente; pero dañan con más frecuencia a los amigos que a los enemigos. Además, una vez han entablado batalla, no puedes soltarlos a tu antojo; y quedas a la merced de su combate. Montar un caballo adiestrado en esta escuela perjudicó gravemente a Artibio, general del ejército persa, cuando luchaba contra Onésilo, rey de Salamis, en combate personal. Le causó, en efecto, la muerte: el escudero de Onésilo lo recibió con una guadaña entre los dos hombros cuando el caballo se encabritó contra su amo.[5] Y lo que cuentan los italianos, que en la batalla de Fornovo el caballo del rey Carlos se deshizo, a coces y patadas, de los enemigos que le acosaban, y que sin eso estaba perdido, fue un gran golpe de suerte, en caso de ser cierto.[6] Los mamelucos se ufanan de poseer los caballos de guerra más diestros del mundo. Y se dice que, por naturaleza y por costumbre, están habituados a reconocer y a distinguir al enemigo, contra el cual deben abalanzarse con dientes y patas de acuerdo con la voz o la señal que se les da. Y, asimismo, a levantar con la boca las lanzas y los dardos en medio de la plaza, y a ofrecérselos al amo con arreglo a sus órdenes.[7]