Los ensayos
Los ensayos a | Se dice de César, y también de Pompeyo el Grande, que, entre otras excelentes cualidades, eran muy buenos jinetes; y de César, que en su juventud, montado a pelo y sin brida en un caballo, lo hacía lanzarse al galope con las manos entrelazadas detrás de la espalda.[8] Así como la naturaleza quiso hacer de este personaje y de Alejandro sendos milagros en el arte militar, dirías que se esforzó también por proveerlos de manera extraordinaria. Todo el mundo sabe, en efecto, del caballo de Alejandro, Bucéfalo, que tenía la cabeza semejante a la de un toro, que no soportaba ser montado por nadie que no fuera su amo ni pudo domarlo nadie sino él, y que recibió honores tras su muerte y se construyó una ciudad con su nombre.[9] César poseía también uno que tenía los pies de delante como un hombre, y con los pesuños hendidos en forma de dedos, al cual nadie sino él pudo montar ni domar; a su muerte, le dedicó una estatua suya a la diosa Venus.[10]