Los ensayos
Los ensayos Para ellos el lugar de honor estaba en medio. Al escribir y hablar, lo anterior y lo posterior no denotaban grandeza alguna, como se ve claramente por sus escritos; dirán «Opio y César» de tan buen grado como «César y Opio»,[17] y dirán «yo y tú» indistintamente a «tú y yo». Por este motivo, he reparado alguna vez, en la Vida de Flaminino del Plutarco francés, en un pasaje donde parece que el autor, hablando de la rivalidad por la gloria que había entre etolios y romanos por la victoria de una batalla que habían obtenido en común, otorga cierta importancia al hecho de que en las canciones griegas se nombraba a los etolios antes que a los romanos —salvo que haya una anfibología en las palabras francesas—.[18]
Las damas se bañaban y recibían al mismo tiempo a los hombres, y se servían incluso allí de sus criados para que las frotaran y untaran:
Inguina succinctus nigra tibi seruus aluta
stat, quoties calidis nuda foueris aquis.[19]
[Un esclavo, ceñido de un delantal de cuero negro, permanece de
pie a tu lado siempre que, desnuda, te relajas en el agua caliente].