Los ensayos
Los ensayos LA VANIDAD DE LAS PALABRAS
a | Decía un retórico del pasado que su oficio consistía en hacer que las cosas pequeñas parecieran y resultaran grandes.[1] b | Es el zapatero que sabe hacer zapatos grandes para pies pequeños.[2] a | En Esparta le habrían hecho azotar por hacer profesión de un arte engañoso y embustero. b | Y creo que Arquidamo, uno de sus reyes, no escuchó sin asombro la respuesta de Tucídides, al que preguntaba quién era más fuerte en la lucha, Pericles o él: «Eso», dijo, «sería difícil de comprobar, pues aunque yo le derribe luchando, él persuade a quienes lo han visto de que no ha caído, y gana».[3] a | Quienes enmascaran y maquillan a las mujeres son menos dañinos: no se pierde mucho, en efecto, no viéndolas al natural; en cambio, éstos cuentan con engañarnos no ya los ojos, sino el juicio, y con bastardear y corromper la esencia de las cosas. Los Estados que se han mantenido en una situación de orden y buen gobierno, como el cretense o el lacedemonio, han hecho poco caso de los oradores.[4]