Los ensayos
Los ensayos He dicho estas palabras a propósito de un italiano con el que acabo de conversar, que sirvió al difunto cardenal Carafa como mayordomo hasta su muerte.[16] Le he hecho hablar acerca de su oficio. Me ha pronunciado un discurso sobre el arte de la comida con gravedad y gesto magistrales, como si me hablara de algún punto importante de teología. Me ha desmenuzado las distintas clases de apetitos: el que se tiene en ayunas, el que se tiene tras el segundo y tercer servicio; los medios para simplemente complacerlo o para despertarlo y provocarlo; la administración de las salsas, primero en general, y después pormenorizando las cualidades de los ingredientes y sus efectos; las diferencias entre ensaladas según la estación, la que debe calentarse, la que exige servirse fría, la manera de adornarlas y embellecerlas para hacerlas agradables también a la vista. A continuación, ha empezado con el orden del servicio, lleno de bellas e importantes consideraciones:
b | nec minimo sane discrimine refert
quo gestu lepores, et quo gallina secetur.[17]
[y no es pequeña la diferencia en la manera
de trinchar una liebre o una gallina].
a | Y todo ello, hinchado con ricas y magníficas palabras, y las mismas que se emplean para tratar del gobierno de un imperio. Me he acordado de mi hombre:
Hoc salsum est, hoc adustum est, hoc lautum est parum,