Los ensayos

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Cuando Catón el Viejo volvió de España como cónsul, vendió su caballo de servicio para ahorrar el dinero que habría costado devolverlo a Italia por mar. Y cuando era gobernador de Cerdeña, hacía sus visitas a pie, sin más séquito que un oficial de la República que le llevaba un vestido y un vaso para hacer los sacrificios; la mayoría de veces llevaba él mismo su baúl. Se jactaba de no haber tenido nunca ninguna ropa que le hubiese costado más de diez escudos, y de no haber enviado al mercado más de diez sueldos al día, y de que ninguna de sus casas de campo estaba revestida y decorada por fuera.[2] Escipión Emiliano, tras dos triunfos y dos consulados, partió como embajador únicamente con siete servidores.[3] Se dice que Homero nunca tuvo más que uno; Platón, tres; Zenón, cabeza de la escuela estoica, ninguno.[4] b | A Tiberio Graco, que en aquel entonces era el primero entre los romanos, le asignaron sólo cinco sueldos y medio por día cuando partió en misión para la República.[5]







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