Los ensayos
Los ensayos a | No sé si me equivoco, pero, puesto que por un favor particular de la bondad divina cierta forma de oración nos ha sido prescrita y dictada palabra a palabra por boca de Dios, siempre me ha parecido que deberíamos emplearla con más frecuencia de lo que lo hacemos.[4] Y, de creerme a mí, al comienzo y al final de nuestras comidas, al levantarnos y al acostarnos, y en todas las acciones particulares en las que se tiene por costumbre mezclar alguna plegaria, querría que los cristianos emplearan el padrenuestro, c | si no exclusivamente, al menos siempre. a | La Iglesia puede extender y variar las oraciones según la necesidad de nuestra instrucción; no ignoro que se trata siempre de la misma sustancia y la misma cosa. Pero debería dársele a ésta el privilegio de que el pueblo la tenga continuamente en los labios,[5] pues a buen seguro dice cuanto se requiere y es muy apropiada para todas las ocasiones. c | Es la única oración de la que me sirvo por todas partes, y la repito en vez de cambiar. Razón por la cual tampoco tengo otra en la memoria sino ésta.