Los ensayos
Los ensayos a | Estaba ahora mismo pensando de dónde nos viene el error de recurrir a Dios en todos nuestros propósitos y empresas, b | y de llamarlo a toda suerte de cometidos y dondequiera nuestra debilidad pretenda ayuda, sin considerar si la ocasión es justa o injusta; y de proclamar su nombre, y su poder en cualquier situación y acción, por más viciosa que sea. a | Él es nuestro solo y único protector, c | y lo puede todo para ayudarnos; a | pero, aunque se digne honrarnos con esta dulce alianza paterna, es, sin embargo, tan justo como es bueno c | y como es poderoso. Pero emplea con mucha mayor frecuencia su justicia que su poder, a | y nos favorece con arreglo a ésta, no según nuestras demandas. c | Platón, en sus leyes, establece tres clases de creencias injuriosas acerca de los dioses: que no existen, que no se ocupan de nuestros asuntos, que nada rehúsan a nuestros votos, ofrendas y sacrificios. El primer error, a su juicio, no se ha mantenido inmutable en nadie desde la infancia hasta la vejez. Los dos restantes son susceptibles de constancia.[6] a | Su justicia y su poder son inseparables. En vano imploramos su fuerza en una mala causa. Se requiere tener el alma limpia, al menos en el momento en que le rezamos, y exenta de pasiones viciosas;[7] de lo contrario, nosotros mismos le ofrecemos las varas con que castigarnos. En vez de reparar nuestra falta, la redoblamos al presentarle, a aquel a quien hemos de pedirle perdón, un sentimiento lleno de irreverencia y odio. Éste es el motivo por el que no suelo alabar a quienes veo que rezan a Dios más a menudo y más habitualmente, si las acciones próximas a la oración no prueban alguna enmienda y reforma,