Los ensayos
Los ensayos EL HABLA PRONTA O TARDÍA
a | One nefurent à tous, toutes graces données.[1]
[Jamás se dieron a todos, todas las gracias].
Así, en cuanto al don de la elocuencia, vemos que unos poseen soltura y prontitud, y tanta facilidad de palabra, según la llaman, que siempre están dispuestos; otros, más tardíos, nunca dicen nada sin haberlo elaborado y premeditado. A las damas se les prescribe que elijan juegos y ejercicios corporales acomodados a sus cualidades más hermosas.[2] Si yo tuviera que dar un consejo semejante con respecto a estas dos cualidades distintas de la elocuencia, de la cual parece, en nuestro siglo, que predicadores y abogados hacen su profesión principal, a mi juicio el tardío sería mejor predicador, y el otro, mejor abogado. En efecto, la labor del primero le deja todo el tiempo libre que desea para prepararse, y, además, su carrera transcurre de manera continua y seguida, sin interrupción; en cambio, los intereses del abogado le apremian a cada instante a entrar en liza, y las respuestas imprevistas de la parte adversa le apartan de su camino, cuando se ve en la obligación de tomar de inmediato un nuevo partido.