Los ensayos
Los ensayos ¿quién no piensa que se trata de arranques de un ánimo elevado más allá de su morada? Nuestra alma no podría llegar tan alto desde su sede. Debe abandonarla y elevarse, y, cogiendo el freno con los dientes, arrastrar y arrebatar a su hombre tan lejos que, después, él mismo se asombre de lo que ha hecho.[62] Así, en las hazañas de la guerra, a menudo el ardor del combate empuja a los soldados nobles a vencer obstáculos tan peligrosos que, al volver en sí, son ellos los primeros en sobrecogerse de asombro; y también los poetas quedan muchas veces prendados de admiración por sus propias obras, y no reconocen ya el camino por el cual han efectuado una carrera tan hermosa.[63] En ellos esto se denomina también ardor y manía. Y, así como Platón dice que el hombre sereno llama en vano a la puerta de la poesía, Aristóteles afirma que no hay alma excelente que esté libre de alguna mezcla de locura.[64] Y tiene razón cuando llama locura a cualquier elevación, por muy loable que sea, que supere nuestro propio juicio y raciocinio. Porque la sabiduría es la conducción ordenada del alma, y actúa con medida y proporción, y responde de ella. c | De esta suerte, Platón argumenta que la facultad de profetizar está por encima nuestro, que hemos de salir de nosotros mismos al usarla. Nuestra prudencia ha de estar ofuscada por el sueño, o por alguna enfermedad, o arrebatada de su sede por un rapto celeste.[65]