Los ensayos

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Cuando Filipo entró empuñando las armas en el Peloponeso, alguien le dijo a Damindas que los lacedemonios iban a sufrir mucho si no volvían a ganarse su gracia. «Pero, ¡cobarde!», respondió éste, «¿qué pueden sufrir quienes no temen la muerte?»[2] Le preguntaron también a Agis de qué manera podría un hombre vivir libre. «Despreciando la muerte», respondió.[3] Estas declaraciones y mil semejantes que se encuentran sobre este asunto suenan evidentemente a algo más que aguardar con toda paciencia la muerte cuando nos llegue. Porque en la vida hay muchos accidentes peores de soportar que la muerte misma. La prueba está en el niño lacedemonio capturado por Antígono y vendido como esclavo, que, urgido por su amo a cumplir cierto servicio abyecto, le dijo: «Tú verás a quién has comprado; a mí me avergonzaría servir teniendo la libertad tan a mano»; y, mientras se lo decía, se precipitó desde lo alto de la casa.[4] Cuando Antípatro amenazó violentamente a los lacedemonios, para forzarlos a cierta demanda suya, éstos le replicaron así: «Si nos amenazas con algo peor que la muerte, preferiremos morir».[5] c | Y a Filipo, que les había escrito que impediría todas sus tentativas, le respondieron: «¡Cómo! ¿Nos impedirás también morir?»[6] a | Esto es lo que dicen: que el sabio vive mientras debe, no mientras puede;[7] y que el don más favorable que nos ha otorgado la naturaleza,[8] y que nos priva de toda posibilidad de lamentar nuestra condición, es habernos dejado la llave de la libertad.[9] No ha prescrito más que una entrada a la vida, y cien mil salidas.[10] b | Nos puede faltar tierra para vivir, pero tierra para morir, jamás nos faltará, tal como respondió Boyocalo a los romanos.[11] a | ¿Por qué te quejas de este mundo? No te tiene sujeto:[12] si vives afligido, la causa es tu cobardía; para morir basta con quererlo:[13]


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