Los ensayos
Los ensayos a | Y la opinión que desprecia nuestra vida es ridÃcula. Porque, a fin de cuentas, se trata de nuestro ser, de nuestro todo. Las cosas que poseen un ser más noble y más rico pueden acusar al nuestro; pero va contra la naturaleza que nos despreciemos y que nos desentendamos de nosotros mismos. Odiarse y despreciarse es una enfermedad particular, y que no se ve en ninguna otra criatura. Con la misma vanidad deseamos ser otra cosa de lo que somos. El fruto de semejante deseo no nos atañe, porque se contradice y se impide a sà mismo. Quien desea convertirse de hombre en ángel, nada hace por sà mismo. En nada serÃa mejor. Pues, si ya no existe, ¿quién se regocijará y sentirá afectado por esa mejora para él?
b | Debet enim misere cui forte aegreque futurum est,
ipse quoque esse in eo tum tempore, cum male possit
accidere.[42]
[Pues aquel que en el futuro ha de sufrir miseria y dolor, también ha de existir él mismo entonces, para que el mal pueda alcanzarle].