Los ensayos
Los ensayos b | Sextia, esposa de Escauro, y Paxea, esposa de Labeón, para animar a sus maridos a eludir los peligros que se les echaban encima, en los cuales ellas no tenían otra participación que la del interés del afecto conyugal, empeñaron voluntariamente la vida para servirles de ejemplo y de compañía en tal situación de extrema necesidad.[72] Lo que ellas hicieron por sus maridos, Cocceyo Nerva lo hizo por su patria, con menos provecho pero con similar amor. Este gran jurista, floreciente en salud, en riquezas, en reputación, en prestigio ante el emperador, no tuvo otro motivo para quitarse la vida que la compasión por la miserable situación en que se encontraba el Estado romano.[73] Nada cabe añadir a la delicadeza de la muerte de la esposa de Fulvio, amigo de Augusto. Al descubrir el emperador que su amigo había difundido un importante secreto que le había confiado, una mañana en que fue a verlo le recibió con semblante huraño. Fulvio regresó a casa lleno de desesperación, y dijo lastimosamente a su esposa que, puesto que había caído en desgracia, estaba resuelto a matarse. Ella replicó con toda franqueza: «Harás bien, porque has comprobado de sobra la incontinencia de mi lengua, y no te has preocupado. Pero deja que yo me mate primero». Y, sin más discusión, se atravesó el cuerpo con una espada.[74]