Los ensayos

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Hay mil ejemplos de esto; bastará con que alegue tres del mismo personaje. Una vez, acusado ante el pueblo romano de un cargo importante, Escipión, en lugar de excusarse o de adular a los jueces, les dijo: «Será muy pertinente que pretendáis llevar a juicio a aquel gracias al cual tenéis la autoridad de juzgar a todo el mundo».[16] Y en otra ocasión, como única respuesta a las imputaciones que le lanzaba un tribuno del pueblo, en vez de abogar por su causa, dijo: «Vayamos, conciudadanos, vayamos a dar gracias a los dioses por la victoria que me concedieron ante los cartagineses tal día como hoy». Y empezó a andar el primero hacia el templo, y todos los reunidos, aun el acusador, le siguieron.[17] Y cuando Petilio, instigado por Catón, le pidió cuentas por el dinero administrado en la provincia de Antioquía, Escipión, que acudió al Senado a tal efecto, mostró el libro de cuentas que llevaba bajo la toga y dijo que ese libro contenía en verdad los ingresos y los gastos; pero, al pedírselo para depositarlo en el tribunal, se negó aduciendo que no quería cometer tal deshonra consigo mismo, y con sus propias manos, en presencia del Senado, lo rompió e hizo pedazos.[18] No creo que un alma encallecida fuese capaz de fingir semejante seguridad. c | Su corazón era demasiado grande por naturaleza y estaba acostumbrado a una fortuna demasiado alta, dice Tito Livio, para saber ser reo y descender a la bajeza de defender su inocencia.[19]


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