Los ensayos
Los ensayos b | ius hoc animi morientis habebat.[8]
[tanto dominio sobre su alma tenía al morir].
a | Me parece, sin embargo, que existe cierta manera de familiarizarnos con ella y de probarla en alguna medida. Podemos tener experiencia de ella, si no completa y perfecta, al menos tal que no sea inútil y que nos haga más fuertes y confiados. Si no podemos apresarla, podemos acercarnos, podemos reconocerla; y si no llegamos hasta su bastión, al menos veremos y practicaremos los caminos que conducen hacia allí. No sin razón nos hacen mirar a nuestro sueño mismo por la semejanza que tiene con la muerte.[9] c | ¡Con qué facilidad pasamos del velar al dormir! ¡Con qué poco daño perdemos la noticia de la luz y de nosotros mismos! Acaso la facultad del sueño, que nos priva de toda acción y todo sentimiento, podría parecer inútil y contranatural si no fuese porque, gracias a ella, la naturaleza nos instruye de que nos ha hecho igualmente para morir que para vivir, y, desde la vida, nos presenta el eterno estado que nos reserva tras ella, para acostumbrarnos y quitarnos el miedo.[10]