Los ensayos
Los ensayos a | Así, quienes caen alzan los brazos al encuentro de su caída por un impulso natural que hace que nuestros miembros se presten servicios, b | y tengan agitaciones al margen de la razón:
Falciferos memorant currus abscindere membra,
ut tremere in terra uideatur ab artubus id quod
decidit abscissum, cum mens tamen atque hominis uis
mobilitate mali non quit sentire dolorem.[22]
[Se dice que los carros falcados seccionan los miembros de tal manera que se ve agitar en el suelo la parte segada del cuerpo, sin que, aun así, el espíritu y la fuerza del hombre, por la rapidez del golpe, puedan sentir el dolor].
a | Tenía el pecho oprimido por la sangre coagulada, mis manos acudían a él por su propia cuenta, como acuden a menudo allí donde nos pica contra el parecer de nuestra voluntad. A muchos animales, y aun a hombres, se les ve apretar y mover los músculos tras haber muerto.[23] Todo el mundo sabe por experiencia que hay partes que se mueven, levantan e inclinan con frecuencia sin su permiso. Pues bien, estas pasiones que no nos afectan sino superficialmente no pueden llamarse nuestras. Para hacerlas nuestras, el hombre ha de estar del todo implicado en ellas; y los dolores que el pie o la mano sienten mientras dormimos no son nuestros.